Antes de la proclamación de la libertad de culto en 1860, México vivió bajo un régimen religioso donde solo se permitía el catolicismo. Desde la Conquista, la Iglesia católica controló no solo la fe, sino también la educación, la vida social y las decisiones políticas. La Inquisición persiguió cualquier práctica religiosa distinta y tras la Independencia, la Constitución de 1824 mantuvo al catolicismo como única religión oficial.