1915, año de las grandes batallas entre Villa y Obregón, la capital, poco a poco, volvió al dominio constitucionalista y la vida cotidiana recuperó visos de normalidad, los tranvías antes parados volvieron a circular, aunque el desabasto de alimentos propició el hambre entre la población. “No funcionaba tribunal alguno, ni estaba en vigor ninguna ley, como no fuera la de las pistolas”. (Francisco Ramírez Plancarte: La Ciudad de México durante la Revolución… p. 546).