Para titular sus obras las y los autores piensan en palabras poderosas, trascendentales, estéticas. A fin de cuentas, las y los lectores adquieren un libro por diversas razones: el contenido, la tipografía, los colores e ilustraciones de la portada, la contraportada, el precio… entran demasiados factores en juego. No obstante, en un punto coinciden: el título es la carta de presentación del discurso artístico y depende en gran medida de él para que la obra sea compartida u olvidada en el rasero de la historia.