Volver los ojos al pasado y recorrer antiguos caminos no es sencillo. Hace más de cincuenta años que salimos de nuestro pueblo y no había caminos pavimentados, sólo las vías del ferrocarril que nos llevaban a la promisoria ciudad de Monterrey. En realidad, nunca salimos, dejamos nuestro corazón y nuestro pensamiento en Villaldama, porque es la tierra que nos vio nacer. Siempre nos llama con esa voz de madre abnegada que nos da sin esperar nada.